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11.2.07

El comedor del cole


Una de la primeras preocupaciones de los padres de niños celíacos es cómo controlar lo que puedan comer fuera de casa. Nos vienen a la cabeza el recreo y los bocadillos de los compañeros y nos aterroriza pensar que puedan compartirlos, o que alguien, con la mejor intención del mundo, les ofrezca una inocente galleta. Nos atormentan las chuches, los gusanitos o los caramelos. Nos agobian los amigos que ofrecen sus meriendas (¿quieres?) y nos asusta la curiosidad de nuestros hijos por probar fuera lo que no comen en casa.

Es un riesgo real, no nos engañemos y, es más, es prácticamente seguro que un día u otro ocurrirá lo inevitable. Pero, aceptado lo que no podemos evitar, tampoco debemos pensar que, por ser niños, sean tontos. Generalmente son bastante conscientes de su problema y, sabiendo que ciertas cosas les hacen daño, suelen respetar su dieta... Claro está, que eso dependerá en gran medida de lo que hayan aprendido en casa...

No pretendería yo decir a nadie cómo ha de educar a su hijo. Pero sinceramente pienso que la clave de que en la niñez se minimicen los riesgos es la concienciación desde la más tierna infancia. Él es quien ha de tener claro que no puede probar determinadas cosas, y será quien tenga que velar por su propio bienestar y salud.

No es posible tener vigilado al niño siempre. No es además deseable una constante vigilancia, que lo haría dependiente en exceso y no evitaría que en un descuido sucediera lo que pretendemos que no pase. Así pues, habrá que hacerlo responsable y explicarle qué es lo que pasaba cuando tomaba gluten y recordarle que tenía pupa, o que se le iba la fuerza o cosas así, y que ya todo está bien y que ha crecido mucho o que ahora ya tiene mucha fuerza, en fin, cosas que pueda entender si es muy pequeño. A los cinco o seis años podremos ir profundizando en las explicaciones, pero siempre en un tono y lenguaje que claramente comprenda. Deberíamos ponerle ejemplos de otros niños que no pueden tomar algunas cosas o realizar determinadas actividades. Si es posible, mostrémosle nuestras propias limitaciones (mamá no come chorizo porque le hace daño, papá es alérgico a las flores, a tu amigo no le sienta bien tal comida, tal amigo es diabético y no puede comer dulces, fulanito no puede correr...) y hagamóselas ver como normales. Ello le hará sentirse como normal que es, e impedirá que se vea distinto o raro. Desde luego haremos todo lo posible por que esté integrado totalmente, le dejaremos ir a cumpleaños y a fiestas infantiles, a las que llevaremos su propia comida o comprobaremos las marcas que van a servir. Informaremos muy bien a su entorno habitual, a los padres de sus amigos y, por supuesto, a los profesores y cuidadores del colegio. Tendremos especial cuidado en que haya en su clase golosinas suyas, para los posibles cumpleaños (me refiero, lógicamente, a preescolar), en los que -desgraciadamente en mi opinión- cada vez más se acostumbra a llevar paquetes de chuches para los compañeros.

Insistimos en que debe ser consciente de su condición, y ser él quien se cuide sobre todo, desde lo antes posible. A la vez, que esté integrado. Esto último es casi tan importante como no tomar gluten.

Otra cosa a tener en cuenta es cómo actuar a la hora de comer. Teóricamente en los comedores escolares se han de ofrecer menúes libres de gluten para los celíacos. Pero, seamos realistas, es complicado asegurar que no haya habido contaminación por gluten de forma involuntaria, por supuesto. Y, admitiendo que no la hubiera, es difícil asegurar que día a día comiendo junto a trozos de pan, comida con gluten, dulces, pasta, etcétera, no terminara tomando gluten involuntariamente (migas que caen o cosas así)... Estaríamos aceptando una situación potencialmente peligrosa. Por eso mi opinión personal es que la comida principal debe hacerla en casa, al menos en edades determinadas. Así hemos actuado nosotros con nuestro hijo.

Si son mayores podríamos considerarlo, aunque con ciertas reservas en mi opinión. Siempre será mejor organizarse de manera que podamos llevar a niño a casa, pero si esto no fuera posible por vivir lejos o estar trabajando o por cualquier otro motivo, habrá que informar muy bien a los encargados del comedor, a la dirección del centro, a TODOS los profesores, a TODOS sus compañeros...

¿Y qué hacer si un día ha probado lo que no debe? En NINGÚN CASO habrá que reñirle o enfadarse, pues esto podría procovar que si otra vez lo hace nos lo oculte y nos engañe. Simplemente le expllicaremos las consecuencias que puede tener y, si aparecieran síntomas, le haríamos ver a lo que se deben. Pero nunca castigarlo ni nada parecido. Debe tener confianza con nosotros y en nosotros.

Por supuesto que no es fácil para un padre enfrentarse a todo esto al principio, pero, al cabo de un tiempo, paracerá lo más normal del mundo. Fomentemos ciertos hábitos de alimentación, como llevar sus bocadillos o sus tentempiés. Cambiemos algunas costumbres, como comer chucherías a todas horas. Hagamos tres o cuatro cosas distintas a lo que hacíamos y veremos cómo todo irá bien.

No es una suerte ser celíaco, pero sí un consuelo darse cuenta de que su dieta es más saludable que la de la mayoría.

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