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14.2.07

En el restaurante


- La primera cosa importante es no fiarte de nada que te digan los camareros. Pueden tener la mejor voluntad del mundo y, sin embargo, meter la pata por desconocimiento. Quédate tranquilo sólo si conocen bien el problema y son sensibles a él, y si son de absoluta confianza.
- Habla directamente con los que van a prepararte la comida. Pide ver al cocinero y entra, si puedes, en la cocina. Normalmente son amables y no hay problemas. Diles que te juegas tu salud. Para que se hagan una idea de lo fácil que es la contaminación en una cocina, explícales, por ejemplo, que con el cuchillo de cortar el pan corriente tú no podrías cortar el especial sin gluten (esto en algunos casos es real).
- Procura frecuentar los mismos restaurantes. Es mejor que te conozcan y sepan de tu problema. Si han cambiado de cocinero, habla con el nuevo. Ellos se aseguran un cliente y tú te aseguras tu bienestar.
- Pregunta las marcas que usan y enséñales tu libro de FACE.
- Pide, en la medida de lo posible, los platos menos complicados y con menos ingredientes preelaborados.
- Explícales los riesgos de las freidoras, de las planchas y de las sartenes. En principio, no pidas cosas fritas que se hagan normalmente en freidora (pescado, bolitas de pollo...). Las planchas y sartenes han de estar totalmente limpias y usar aceite nuevo.
- Entrégales, si tienes, algún folleto.
- Fuera de tu ciudad o de tu entorno habitual, extrema los cuidados.
- En el extranjero, lleva aprendidas o escritas ciertas frases que te permitan comunicarte e indicar que eres celíaco.
- En caso de duda, no consumas el producto. Cámbialo por otro más seguro (ensaladas, tortillas francesas o con relleno, revueltos, carnes a la brasa, etc...)
Con estos consejos y un poco de sentido común, no te será difícil asegurar que en tu casa no corréis ningún riesgo de que el celíaco de la familia tome gluten.

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